Anna Barnadas, secretaria de Acción Climática, fue la encargada de anunciar el pasado 30 de diciembre que la Generalitat lanzaba definitivamente la toalla para acoger los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030: “Los efectos del cambio climático hacen muy difícil que un evento de estas características pueda celebrarse en una latitud como la de Cataluña”. Pero, ¿cuáles son estos efectos y cómo condicionan el futuro de nuestras estaciones de esquí? Según el Observatorio Pirenaico del Cambio Climático (OPCC), desde que se hace un seguimiento específico, desde 1959, la temperatura media en la cordillera aumenta cerca de 0,2 ºC por década, y con la misma cadencia hay un descenso de las precipitaciones del 2,5%, especialmente acusado durante el invierno y el verano.
No obstante, las proyecciones sobre la evolución climática durante lo que resta del siglo XXI no son más halagüeñas. Los modelos señalan un incremento notable y sostenido de las temperaturas máximas, en todos los Pirineos y en todas las estaciones del año. Respecto al período de referencia (1961-1990), y en el supuesto de mayores emisiones, hablamos de un rango de entre 1 y 2,7 ºC de subida media para el 2030. En el horizonte 2050 sería de 2 a 4 ºC, y a finales de siglo los rangos de valores se ampliarían aún más, así como la magnitud de los cambios: entre 4,3 y 7,1 ºC de aumento.
Una dimensión desconocida
Nadie sabe con certeza qué comportaría un escenario como este, si bien es obvio que tendría severas repercusiones en todos los ámbitos, poniendo en riesgo los sistemas tradicionales de vida que hemos conocido hasta ahora y, por supuesto, afectando las condiciones meteorológicas que hacen posible el turismo blanco. Más calor y menos agua es una ecuación letal de cara a la supervivencia de cualquier actividad de nieve.
De hecho, el “Tercer informe sobre el cambio climático en Cataluña”, editado en 2017 por el Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible, el Servicio Meteorológico de Cataluña y el Instituto de Estudios Catalanes, advertía que “el turismo de nieve es más vulnerable que el turismo de sol y playa”, y añadía que la instalación de cañones —sin los cuales, hoy, ya no sería posible abrir buena parte de las pistas de las estaciones pirenaicas— es una práctica que solo es viable ante aumentos de temperatura inferiores a 2 ºC. “Con incrementos superiores —concluía de manera categórica el estudio—, esta técnica es inviable”.
Bien consciente de esta problemática, Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) lidera actualmente un proyecto
con el Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB-CSIC) que propone una tecnología de innivación pionera en el mundo que utiliza menos agua y menos energía. El Laboratorio de la Nieve, tal como lo han bautizado, pondrá a prueba hasta 2026 un sistema que simula el proceso natural de mineralización del agua y lo reproduce a pequeña escala, logrando facilitar la formación de los copos más rápidamente, con más consistencia y en condiciones de más temperatura.
Toni Sanmartí, director de la división de Turismo de FGC, que opera todas las estaciones del Principado salvo Port del Comte, Masella y Baqueira, defiende la gestión del agua que hace la empresa pública. “No consumimos agua, solo la usamos para cambiarla de estado (de líquido a sólido y de sólido a líquido), consumiendo energía verde, y la retornamos al medio sin hacerle ningún tratamiento”. Según FGC, las estaciones canalizan agua de deshielo a balsas artificiales para establecer un circuito circular que minimiza el suministro externo y, en cumplimiento del estado de emergencia por sequía, este 2024 reducirán un 25% las captaciones para producir la nieve de cultivo.
Reinventarse o morir
Un estudio de la Universidad Pompeu Fabra encargado por FGC cuantificó el impacto de las estaciones en el año 2022 en 322 millones de euros de facturación y más de 2.700 puestos de trabajo (directos, indirectos e inducidos), cifra que representaría el 7,6% del empleo de las comarcas pirenaicas. Estos datos justifican, a juicio de la Generalitat, las inversiones para garantizar su continuidad.
“Debemos diversificar —apunta Sanmartí—. Las estaciones de esquí deben pasar a ser estaciones de montaña y funcionar todo el año como centros de actividades al aire libre, pero también como comercializadoras de los parques naturales, por ejemplo”. Un concepto que se alinea con la tendencia a optar por la montaña como destino turístico principal en detrimento de otros lugares menos confortables como consecuencia de las elevadas temperaturas.
En el territorio, no todos ven con buenos ojos esta reconversión. La Plataforma #StopJJOO exige un freno a la gran dependencia turística del Alt Pirineu y Aran, que cuadruplica en algunos casos la media del país. “El turismo agrava el costo de la vida y el éxodo rural”, denuncian, al tiempo que piden apostar, entre otros, por la agror ganadería. Un debate necesario y urgente que ya haremos en plena crisis climática.
Impulsem un nou model de turisme al servei del país, un turisme conscient que tingui un impacte global positiu sobre les destinacions.