Entre 1.500 y 3.000 personas -según cálculos de los Mossos y los organizadores, respectivamente- se manifestaron “Por una vivienda digna” en la Seu d’Urgell el pasado 6 de diciembre. Una movilización importante que se sumaba a la que había recorrido unos días antes el centro de Barcelona exigiendo el control del precio de los alquileres y, sobre todo, a las de otoño de 2023 en Andorra, donde la crisis habitacional es dramática para aquellos que no disponen de ingresos económicos holgados. De hecho, la imposibilidad de encontrar alojamiento asequible obliga a miles de personas que trabajan en el Principado a dormir en el Alt Urgell. A su vez, el aumento de demanda causado por los andorranos exiliados lleva a más urgellenses a la Cerdanya, un fenómeno que agrava la falta de oferta residencial asequible y provoca que muchos cerdans —jóvenes o de baja capacidad adquisitiva— se desplacen a vivir al Berguedà o al Ripollès. No hace falta decir que, desde hace un tiempo, los precios de la vivienda en estas comarcas suben significativamente, si bien en realidad el problema es generalizado en todos los Pirineos. ¿Por qué? A juicio de Arnau Corberó, portavoz de Pirineu Viu, movimiento integrado por una cuarentena de entidades y colectivos convocantes de la mencionada manifestación de la Seu, la configuración turística de las comarcas de la alta montaña catalana ha relegado a las otras economías tradicionales de la zona. “Más de la mitad del PIB pirenaico es turístico, y el modelo económico que tenemos nos hace dependientes de un sector voluble —como comprobamos durante la covid—, generador de desigualdades y depredador del territorio”, indica.
Según Pirineu Viu, esta especialización ha empobrecido a la mayoría de la población pirenaica, y la vivienda sería un síntoma palmario: “El municipio de Naut Aran tiene 2.000 habitantes y 6.000 plazas en vivienda de uso turístico; el 64% de la vivienda en la Cerdanya son segundas y terceras residencias que se abren de media 14 días al año; en Setcases, al igual que en Saldes, Das, Bolvir y Alp, el 80% de la vivienda son segundas y terceras residencias...”, aseguran en su boletín El Torb; datos que llevan a Corberó a afirmar que, en los Pirineos, “la construcción también es turismo”.
Montañas de turismo
Pero vayamos por partes. Por un lado, el Instituto de Estadística de Cataluña no ofrece datos territorializados por comarcas del PIB turístico, y las únicas aproximaciones que podemos hacer son en base al valor añadido bruto (VAB) por sectores, que sí se publican con regularidad. Según el Instituto de Investigación en Economía Aplicada Regional y Pública de la UB, el PIB turístico de Cataluña fue del 14,6% en el año 2019; comparándolo con el VAB del mismo ejercicio, tenemos una proyección que va del 14,7% del Berguedà en la banda baja hasta el 57,7% del Aran, el territorio donde el PIB turístico es más elevado: cuarenta y tres puntos más que la media catalana.
En cuanto a la vivienda, hay datos para todos los gustos. La Federación Catalana de Apartamentos Turísticos (Federatur), el año pasado, encargó un informe al Instituto Superior de Estudios Turísticos de la UdG que rebate algunas de las acusaciones que se hacen al sector. Federatur defiende que no hay una correlación entre la subida del precio de los alquileres y la aparición de los hogares de uso turístico (HUT), ya que estos suelen ser viviendas no principales, y “si no les dan un uso turístico, los propietarios no ponen las segundas residencias en alquiler convencional”. Además, según el informe, no hay ningún municipio donde los HUT superen el número de viviendas no principales, con una media en Cataluña del 10,63%, y si se compara el número de HUT con el de viviendas vacías, la relación es de 1 a 4: 102.000 HUT por 418.000 viviendas vacías.
“La problemática de la vivienda es estructural y tiene múltiples causas”, concluye Federatur, cuyo presidente, David Riba, añadía el día de la presentación del estudio que “los apartamentos turísticos generan un impacto económico en Cataluña de unos 3.000 millones de euros, dan empleo a más de 26.000 trabajadores y uno de cada tres turistas los utiliza para hacer vacaciones”.
Punto de inflexión
Vale la pena decir que a finales de 2023 la Generalitat aprobó un decreto ley para limitar y regular la proliferación de pisos turísticos en los municipios que ya cuentan con más de 5 HUT por cada 100 habitantes, una ratio que en el Pirineo a menudo se supera con creces. En el conjunto de Cataluña, los municipios que están por encima del umbral fijado son 262, y la disputa política y judicial entre administraciones, vecinos y propietarios apenas acaba de comenzar. El debate es clave para el futuro del país, y especialmente del Pirineo, situado en una encrucijada de modelo económico y territorial. Pero no es un debate nuevo. Hace veinte años, el estudio Evaluación de la sostenibilidad del turismo en el Alt Pirineu y Aran, publicado por el Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible de la Generalitat, ya advertía que “a través de la segunda residencia el mercado de la vivienda sale de la esfera local tradicional, lo que conlleva un encarecimiento de los precios determinado por la oferta y la demanda”, y apostaba por el turismo de uso o forma extensiva de turismo, en detrimento del turismo de consumo, o intensivo, “que tiene un mayor impacto ambiental y social y una degradación de los recursos que amenaza la viabilidad económica a largo plazo”.
Impulsem un nou model de turisme al servei del país, un turisme conscient que tingui un impacte global positiu sobre les destinacions.