Temperaturas infernales durante las horas centrales del día y noches de insomnio. Sequías y grandes pedregadas. Levantadas históricas e incendios de sexta generación. Para los sufridos habitantes de los países mediterráneos, el calentamiento global ha dejado de ser una amenaza de futuro más o menos vaga y lejana para convertirse en un hecho cotidiano, presente, con el que debemos aprender a convivir tanto si nos gusta como si no.
Y es que el Mediterráneo es uno de los puntos del planeta donde el cambio climático avanza de manera más acelerada. Según el informe Cambio climático y ambiental en la cuenca mediterránea, elaborado por la red científica MedECC (Mediterranean Experts on Climate and Environmental Change), “las temperaturas medias anuales en la tierra y en el mar de la cuenca mediterránea ya son 1,5 ºC más altas que en épocas preindustriales”. Es decir, “0,4 ºC más que el cambio medio global”, y el estudio prevé que aumenten entre 3,8 y 6,5 ºC adicionales hasta el 2100 en el caso de que haya una alta concentración de gases de efecto invernadero, y entre 0,5 y 2 ºC en un escenario compatible con el objetivo a largo plazo del Acuerdo de París.
El informe es de 2020, anterior a los años más cálidos de la historia desde que existen registros, que han sido los últimos. Y los efectos de este aumento de temperaturas abarcan todas las áreas imaginables: intensificación de la escasez de agua y la desertificación; disminución de la productividad agrícola; calentamiento de la superficie del mar y de las aguas profundas en mayor proporción que en otros océanos del mundo; aumento del nivel del mar; extinción de peces e invertebrados marinos, y cambios en su distribución; pérdida y degradación de buena parte de los espacios húmedos de agua dulce, etc.
Pero, ¿por qué el Mediterráneo acusa más rápidamente que otras zonas la crisis climática? Daniel Argüeso, investigador del Departamento de Física de la UIB, explica algunos de los motivos: “La localización de la región, situada en una zona de transición de los trópicos; la proximidad del Sáhara; el práctico aislamiento del Mediterráneo respecto de los océanos o la persistencia del anticiclón de las Azores”.
Punto de no retorno
Lo que es evidente es que nuestro mar está convirtiéndose literalmente en un caldo, y a parecer de Argüeso, no hay marcha atrás: “El clima mediterráneo ya ha cambiado”, y considera inevitable no solo la recurrencia de las olas de calor estivales, sino la aparición de rachas cálidas en otras épocas del año. De hecho, la ecóloga marina Aurora Ricart, del Instituto de Ciencias del Mar, a su vez, advierte que en el medio marino el calentamiento es incluso más severo que en tierra. “En el mar Mediterráneo, los últimos veranos el incremento de temperatura ha alcanzado los 2 ºC —alerta—, y eso ya ha comenzado a causar la muerte de organismos no móviles como las gorgonias o los corales”.

El resultado de este aumento calórico (dicho de otra manera, que haya más energía en la atmósfera) tendrá serias repercusiones, como indica Annelies Broekman, investigadora del CREAF y experta en gestión del agua: “Ya hace tiempo que tenemos el conocimiento científico de que en el Mediterráneo crecerán la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos, como las inundaciones por lluvias torrenciales. Hay que preparar el territorio para hacer frente a estas situaciones”.
Y ante esta nueva realidad, ¿cómo se comporta el turismo? El artículo El impacto del cambio climático en el turismo en España de Caixabank, que analiza datos de 2019 a 2023, concluye que “hay una correlación negativa entre el crecimiento del gasto turístico y la temperatura media”. Es decir, que el gasto turístico ha crecido más
en los municipios más confortables. “El mejor funcionamiento del turismo costero y urbano en los municipios menos cálidos pone de manifiesto el atractivo que están ganando estas destinos en un contexto en que las temperaturas suben”, ya que “las áreas costeras dependen, en gran parte, de las actividades al aire libre y de playa, que se ven directamente afectadas por las olas de calor”.
El norte también existe
Con la mirada puesta en las tendencias de cara a las próximas décadas, otro informe, El impacto del cambio climático
a la demanda del turismo en España, elaborado por el BBVA Research, cree que, si el calentamiento global es pronunciado, “las destinos de costa de la Península continuarán siendo los más atractivos para los turistas, si bien estos se desplazarán de las playas del sur a las del norte”.
En la misma línea, el estudio más relevante sobre la cuestión, Impacto regional del cambio climático en la demanda turística europea, del Joint Research Centre por encargo de la Comisión Europea, opina que el calentamiento global tendrá importantes consecuencias en los países del sur del continente. Aún más, en los cuatro escenarios analizados (aumentos de temperaturas medias de 1,5, 2, 3 o 4 ºC a finales del siglo), de entre los territorios europeos más comprometidos hay los de los Países Catalanes.
Turismo de riesgo
Las islas Baleares, incluso, podrían perder hasta un 8% de las pernoctaciones con los 4 grados, tan solo por debajo de algunas regiones griegas y Chipre —y en el grupo de los beneficiados por este aumento de temperaturas se encuentran 53 regiones del norte de Europa encabezadas por Galicia occidental, que vería incrementada la demanda casi un 16%.
Vale decir que los patrones de estacionalidad también cambiarán paulatinamente, y aunque las destinos costeros del norte registrarán un incremento significativo de la demanda en los meses de verano, las regiones del sur paliarán en parte la caída canicular con más visitantes en la primavera y en el otoño. Quizás, ahora sí, la anhelada desestacionalización del sector será una realidad alcanzada.
Impulsem un nou model de turisme al servei del país, un turisme conscient que tingui un impacte global positiu sobre les destinacions.