Los efectos del cambio climático en la playa

Urbanizaciones, puertos, paseos, carreteras, diques, espigones y vías de tren. Nuestra costa es una gran barrera de hormigón, y el mar la ataca cada vez con más violencia

Reconstrucción de escolleras en el Maresme después del temporal Filomena
Reconstrucción de escolleras en el Maresme después del temporal Filomena
25 de marzo de 2024
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Todos los estudios científicos coinciden en indicar que el Mediterráneo es una de las regiones del mundo que saldrá más perjudicada del cambio climático ya en curso. Y, entre las áreas más afectadas, la península Ibérica se lleva la palma. Precisamente, investigadores de la Universidad de Queensland (Australia) concluyeron en un artículo publicado en enero en la revista digital científica Nature Communications que, dependiendo de los diferentes escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero, y de la zona estudiada, las precipitaciones pueden reducirse entre un 12 y un 35% de aquí a finales de siglo.

Como un siniestro avance, el actual período de sequía que sufren buena parte de los Países Catalanes parece darles la razón. La humedad ambiental en Europa es hoy la más baja de los últimos cuatrocientos años. Y vale decir, además, que no solo disminuyen las cantidades de lluvia anuales, sino que llueve cada vez más irregularmente, a menudo de manera torrencial, hecho que minimiza el efecto sazonador que el agua tiene para la tierra.

Destrozos constantes

El recuerdo de los temporales Gloria y Filomena, que asolaron el litoral catalán en los años 2020 y 2021, respectivamente, es aún fresco. Pero lo cierto es que, sin llegar a la excepcionalidad de estos dos episodios, las afectaciones de las levantadas —un fenómeno habitual y propio de nuestro clima— son constantes en los municipios costeros.

La práctica urbanización de toda la primera línea de mar favorece un destrozo tras otro, dado que a la variabilidad meteorológica, y al aumento del nivel del mar, se suma la proliferación de barreras arquitectónicas que paradójicamente multiplican la energía devastadora de las olas. Cuando no se trata del enésimo corte del servicio de Rodalies en la frágil línea del Maresme (¡el Gloria destrozó un puente sobre la Tordera que obligó a interrumpir el servicio ferroviario entre Malgrat y Blanes durante casi once meses!), son unas escaleras de acceso a la playa derrumbadas por el embate de un mar alterado: esto ha pasado, sin ir más lejos, este mes de marzo en Coma-ruga.

En buena parte del litoral, las barreras arquitectónicas, o infraestructuras como la línea R1, sufren los embates del mar durante los temporales de levante, cada vez más imprevisibles
En buena parte del litoral, las barreras arquitectónicas, o infraestructuras como la línea R1, sufren los embates del mar durante los temporales de levante, cada vez más imprevisiblesSergi Conesa

Y si las implicaciones sobre las infraestructuras y el mobiliario urbano comportan un auténtico drenaje de recursos públicos, los quebraderos de cabeza por la regresión de la línea de mar no son menos costosos. La construcción de diques, espigones y puertos deportivos, a menudo conectados con paseos marítimos completamente asfaltados, ha modificado las dinámicas naturales de las playas. Hay muchos ayuntamientos que se ven obligados a restituir cada verano de manera artificial la arena que han perdido durante los meses de invierno. Agua en cesta... De hecho, los expertos explican que las playas se forman con la aportación de sedimentos procedentes de ríos y rieras que desembocan al mar, y que las corrientes litorales distribuyen la arena a lo largo de la costa.

Conscientes del problema, y asesorados por geólogos, ingenieros y consultores ambientales, muchos consistorios han comenzado a desmontar algunos de los espacios presentados a bombo y platillo como quien dice hace cuatro días. Es el caso de la plaza del Mil·lenari de Segur de Calafell, por ejemplo, el saliente de la cual se ha derribado para alinearla con el paseo marítimo después de constatar que la playa ha perdido cerca de 100 metros en las últimas décadas.

La idea que se impone ahora, y que cuenta en muchos casos con el financiamiento de los fondos Next Generation de la Unión Europea y del Ministerio de Transición Ecológica español, es renaturalizar las playas. Es decir, retirar en la medida de lo posible elementos rígidos para favorecer los sistemas dunares característicos de las fachadas litorales y, en definitiva, dejar que las playas recuperen su resiliencia y función conectora entre el medio marino y el espacio terrestre.

Un ejemplo a seguir

Sometida a un proceso de desecación, a finales de los años 80, la marisma de la Pletera, en l’Estartit, estaba sentenciada. Se debían construir 655 viviendas a primera línea de mar. De hecho, se hizo la primera isla y se edificó el paseo. Pero una de las cíclicas crisis inmobiliarias dejó la promoción parada. Gracias a un proyecto Life, hoy la Pletera vuelve a ser un espacio natural, integrado en el parque del Montgrí, las Islas Medas y el Baix Ter.

En este sentido, la lista de actuaciones de renaturalización ejecutadas o en proceso de ejecución es muy larga. Destacan la de la Pletera de l’Estartit, premio Cilma 2017 “por el proyecto Life Pletera, de desurbanización y recuperación de la funcionalidad ecológica de los sistemas costeros”; la de Altafulla, que desarrolla el proyecto ‘Playa viva’, premio a la Iniciativa Medio Ambiente 2020 por la Diputación de Tarragona; la de la playa de Castell de Palamós; la de la playa Llarga de Vilanova y la Geltrú o la del paseo de las Calas de Miami Playa.

Y crecerá exponencialmente porque numerosos municipios litorales están ultimando los trámites administrativos para iniciar las respectivas obras, entre las cuales podemos mencionar las del paseo marítimo de la Pineda, las de la playa de las Dunas de Santa Susanna, la Almadrava de Alicante, el Arenal de la Ampolla, las playas del Cabanyal y la Malva-rosa de Valencia o la playa de Palma.

Del corto plazo a la mirada larga

Si bien el Plan Territorial Metropolitano de 2010 ya preveía un nuevo trazado del tren que une Barcelona y Mataró por la costa (la actual R1), desplazándolo hacia el interior, actualmente no hay ni siquiera ningún anteproyecto sobre la mesa. El Estado alega la complejidad y el costo que comportaría llevarlo a cabo. En esta ocasión, como en el resto, de momento, se ha optado por efectuar intervenciones que resuelvan las incidencias puntuales. Pero la crisis climática está aquí, y el cambio de paradigma parece inexorable. Vamos tarde.

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