Ya tenemos el verano aquí y parece que todos los indicadores apuntan hacia una nueva temporada de récords. ¿Será así?
Prever qué pasará es arriesgado, sabiendo de dónde venimos. Hemos superado una covid; una sequía por la que estamos pasando de puntillas; tuvimos unas temperaturas tórridas el verano pasado que provocaron un cierto movimiento de turistas hacia el norte. Pasada la temporada de verano, podremos saber si esto es una tendencia, y si las tendencias acaban marcando pautas de comportamiento. De entrada, el interés que hay por Cataluña es inmenso, pero no viene de ahora. Toda la vida, y sobre todo las últimas décadas, hemos sido uno de los destinos líderes en Europa. Por tanto, es evidente que ya hace años que gestionamos el éxito del turismo y ahora comenzamos a ser cautivos de este éxito.
Hay millones de personas de países que antes llamábamos en vías de desarrollo que hoy ya viajan al extranjero. Europa es el principal objetivo y, entre los destinos europeos, Barcelona y Cataluña están en la lista de los más deseados. ¿Debemos poner límites a todo esto?
El movimiento de las personas es casi más antiguo que la humanidad, y en medio de tantas guerras, o de situaciones muy problemáticas, nosotros somos una pequeña isla, un reducto de seguridad sanitaria y jurídica, de libertad de movimientos. Es decir, que continuarán viniendo turistas y nosotros estamos preparados para recibirlos hasta un cierto punto. Porque hay zonas de Cataluña que han tocado techo, sí; que seguramente no pueden crecer más y se han de transformar. Pero en cambio, hay otras que pueden recibir más visitantes, y este es el gran valor del turismo: que reparte economía y ocupación por todo el país, en zonas donde, si no fuera por el turismo o por la agricultura, quedarían yermas.
Hace años que gestionamos el éxito turístico, y ahora somos cautivos
Si no introducimos cambios, este planteamiento extiende un modelo de éxito a las regiones que hasta ahora se han mantenido más o menos al margen del turismo, pero también exporta todo lo que ahora ya no queremos a los destinos saturados.
Yo en ningún caso sugiero exportar el modelo de la costa. La oferta de sol y playa de la Costa Dorada es inexportable, por ejemplo, a la Conca de Barberà, ni por estructura de oferta de producto ni por la cantidad de gente que puede acoger. En Cataluña, por su diversidad, no nos podemos hacer una sola pregunta, ni las respuestas son únicas: debemos analizar específicamente cada zona. Porque además, a diferencia de otros países también eminentemente turísticos, nosotros no nos podemos explicar de manera simple.
Tenemos muchas cosas con las que jugar, y aquí es donde radica nuestra labor de identificar dónde tenemos un tope, cómo podemos acompañar a este territorio a reconvertirse y cómo ayudamos a aquellos que pueden crecer. Yo creo en un turismo equilibrado y compartido con otras estructuras económicas familiares, como el sector primario. Italia lo tiene muy claro desde hace años; Francia, también, y aquí nos toca ahora hacer trabajo en este sentido.
En este contexto, ¿en qué Cataluña reúne todos los requisitos que la mayoría de la gente que viaja puede desear, y en un escenario de crecimiento sostenido de la demanda, conviene mantener los esfuerzos de promoción turística en el ámbito internacional?
Nosotros nos estamos haciendo esta pregunta internamente, y también cuál ha de ser la finalidad del impuesto de las estancias turísticas, que va vinculada con la pregunta.
De hecho, lo que antes nos ocupaba en Turismo de Cataluña —que también nos ha de ocupar ahora— es si un establecimiento de cuatro estrellas superior ha de tener caja fuerte, bañera, televisor con no sé cuántos canales... y un cinco estrellas gran lujo, tantos metros cuadrados de habitación. Estas ya no son nuestras únicas funciones, y por primera vez, a modo de ejemplo, se ha acompañado con dinero del impuesto turístico una transformación del sector hacia la mejora del consumo del agua. Esto no es hacer promoción del país, es mejora del país, es transformación para una mayor eficiencia.
Debemos identificar dónde tenemos un tope y dónde podemos recibir más visitantes
Pero la promoción se sigue haciendo...
Bien, la Agencia Catalana de Turismo [ACT, el ente de promoción internacional] también está haciendo un replanteamiento de su estrategia para saber si debemos continuar haciendo promoción convencional o el marketing pasa por una parte de gestión y de comunicación externa, pero también interna, que hasta ahora no habíamos hecho.
Hay quien dice que hoy la promoción ya la hacen las redes sociales.
Sí, pero también has de gestionarla. Al final, la promoción no deja de ser comunicación y no puedes dejarla sólo en manos de los usuarios o de gente con su visión particular.
Vamos al Compromiso Nacional por un Turismo Responsable (CNTR), que es seguramente la meta más relevante de los últimos años. ¿La adscripción del grueso del sector al CNTR es sincera? O dicho de otra manera: ¿está el sector dispuesto a hacer los sacrificios para materializar los 67 puntos del Compromiso?
Sin duda. Pienso muy sinceramente que los que se han adherido creen que el camino va por aquí. A muchos de los adheridos les va muy bien con el modelo que pretendemos superar... Pero la sostenibilidad pasa por la transformación, y hacemos grandes esfuerzos por gobernar el turismo. Hemos sacado una línea de ayuda y de acompañamiento al sector privado para la gestión del agua, y sólo hay que ver la cantidad de proyectos que han entrado y el importe de dinero que dedicamos. Hay una línea a punto de salir de residuos, una línea sobre eficiencia energética... Y el sector necesita este dinero para transformarse porque sabe que, o va hacia aquí, o su viabilidad también tambaleará.
El sector cree firmemente en la necesidad de la transformación
¿Cómo se desplegará el CNTR? Porque no podemos olvidar que hay una Ley de turismo obsoleta, que tiene más de veinte años.
La Ley la hemos ido trabajando paralelamente al Compromiso, pero por motivos de aritmética parlamentaria hemos sido mucho más rápidos a la hora de dibujar el modelo. Y de hecho es bueno que haya sido así porque es muy difícil que tú puedas hacer una ley adaptada a la situación turística actual y a la de los próximos veinte años o veinticinco si no tienes
un modelo de gestión que vaya en consonancia. Has de tener un modelo de turismo, igual que el país ha de tener un modelo de lengua, o de educación, un modelo industrial y un modelo urbanístico, con mirada larga. Sin modelo no sabríamos qué hemos de regular.
¿Y sin Ley, cómo se puede desplegar el Compromiso?
Pues ya tenemos el grupo del plan operativo que está desgranando los artículos y el cronograma de prioridades, porque no podremos abordarlo todo a la vez. Piensa que su ejecución tiene una altísima complejidad porque afecta a muchísimos departamentos.
Más allá de Barcelona se esconde el descubrimiento de un país magnífico
No debe ser fácil decir a los otros departamentos qué y cómo han de regular.
No se trata de decirles qué han de hacer, sino de compartir visión de país y sinergias de trabajo. Y déjame decir que lo que hemos hecho nosotros en esta legislatura, de trabajo compartido con otras direcciones generales de la Generalitat, no se había hecho nunca. Hemos puesto en marcha trabajos con Políticas Ambientales, por eso organizaremos conjuntamente el Global Ecotourism Forum de 2025; hemos convocado subvenciones para espectáculos de artes en vivo en eventos de interés agroturístico entre los departamentos de Alimentación, de Cultura y de Empresa; estamos trabajando con Derechos Sociales en temas de turismo universal; con Territorio y Urbanismo colaboramos constantemente; con Medio Ambiente por los cruceros... Hemos abierto mesas compartidas con muchísimos departamentos porque el turismo no lo es todo, pero todo es turismo.
El CNTR recoge la necesidad de reforzar el turismo interior. ¿Por qué en Cataluña nos cuesta tanto creer en ello?
Bien, últimamente hemos creído mucho. Hemos tenido unos fondos extraordinarios, dotados con 198 millones de euros, que nos han permitido ayudar y acompañar al pequeño sector. No se nos escapa que aquellos que nos visitan por el enoturismo y la gastronomía gastan 3,5 veces más que la media, se mueven durante todo el año, son grandes consumidores de oferta complementaria... Y creemos que estas opciones permiten esponjar las áreas de más concentración. Barcelona atrae a mucha gente, pero detrás de la capital catalana se esconde el descubrimiento de un país magnífico.
El país ha de tener un modelo de turismo igual que tiene uno de educación
Y siguiendo con los retos que plantea el CNTR, ¿se puede garantizar la viabilidad del sector mejorando las condiciones que, en parte, le han permitido ser tan rentable?
Si el sector turístico catalán aporta el 15% de la Seguridad Social y el 12% del PIB del país, es evidente que aporta más ocupación que productividad. Pero el sector turístico crea ocupación en todo el territorio, a diferencia de otras industrias del país. Muchos artistas también están mal pagados y nadie pone en cuestión que la cultura hace una gran aportación al país, ¿verdad? En todo caso, el Compromiso defiende abiertamente que apostamos por la calidad a fin de aumentar la productividad, y eso permitirá mejorar los sueldos. Por eso es tan importante... Hemos hecho un montón de cosas espectaculares, y más que haremos, porque tenemos modelo y tenemos estrategia.
Impulsem un nou model de turisme al servei del país, un turisme conscient que tingui un impacte global positiu sobre les destinacions.