Turismo rural, igual pero diferente

Después de años de buenos resultados, desde la crisis de la covid-19, el turismo rural vive entre la necesidad de una estabilización y la esperanza de un futuro mejor

El Molino de Siurana, en el Alt Empordà
El Molino de Siurana, en el Alt Empordà
25 de noviembre de 2024
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La irrupción de la pandemia de la covid-19 representó la parada en seco del sector turístico, si bien no todas las modalidades experimentaron el mismo comportamiento. Durante los meses posteriores a la relajación de las medidas de confinamiento, especialmente en el verano de 2020, y en un escenario de poca o nula movilidad entre destinos, los turistas se decantaron por opciones poco masificadas que permitían actividades al aire libre, en contacto con la naturaleza y distancia social.

Para muchos, estas características son las que definen el turismo rural... Pero, superada la crisis sanitaria, cuatro años después, ¿se ha reforzado el aumento de demanda de esta tipología turística? A juicio del estudio de Caixabank Auge
del turismo rural en España: una oportunidad para el desarrollo rural, sí. Según el informe, que analiza datos internos de pagos con tarjetas, “el turismo rural ha pasado de representar el 10,9% del gasto turístico total en 2019 al 11,9% en 2023, una mejora nada despreciable de su cuota que refleja que ha salido reforzado de la pandemia”.

Caixabank atribuye este fortalecimiento al mercado interno, ya que “la contribución de los turistas internacionales al turismo rural es relativamente moderada: entre enero y junio de 2023, los extranjeros aportaron el 27% del gasto turístico rural”, y lo vincula al cambio de preferencias de los turistas nacionales iniciado con la pandemia.

Los datos que ofrece el Instituto de Estadística de Cataluña de la Generalitat, centrados en las pernoctaciones en alojamientos rurales, no son tan concluyentes. Es posible que el gasto en los municipios rurales haya aumentado desde la pandemia, pero la curva del número de pernoctaciones aún no se ha estabilizado. Si tomamos como referencia el tercer trimestre, de julio a septiembre, la tradicional temporada alta de cada año, los catalanes hicieron 493.700 noches en establecimientos de turismo rural en 2020, 488.600 en 2021, 403.900 en 2022, 368.800 en 2023 y han hecho 344.300 este verano de 2024 (en 2019, año de récord, fueron 356.800). Inversamente, como es lógico, los turistas extranjeros han ido recuperando su presencia y este año han igualado el número de pernoctaciones de 2019.

Los alojamientos de turismo rural hacen gala de su sostenibilidad

¿Y qué dice el sector? En un ámbito tan arraigado a las circunstancias específicas de los territorios en que se desarrolla,
la valoración varía ligeramente. Así, por ejemplo, Oriol Baños, presidente de la Asociación de Agroturismo del Berguedà y secretario de Concatur —una de las tres confederaciones de turismo rural del Principado— considera que, si hay aumento de la actividad, “es muy escaso”, y por eso prefiere hablar de estabilización, aunque “las reservas son muy volátiles y se hacen más a última hora”. “La aparición de los alojamientos de uso turístico (HUT) ha creado una competencia que dificulta la interpretación de hacia dónde nos movemos”, se queja.

Por otro lado, Carles Barcons, presidente de Turalcat, cree que la pandemia sí fue un punto de inflexión, a pesar de la ligera bajada después del pico de 2020, y que sobre todo ha servido para consolidar al visitante nacional. Y Tere Vilà, directora de la asociación Turismo Rural Girona, señala que en las comarcas nordorientales la demanda de turismo rural es creciente, a pesar del aumento de oferta de alojamientos. “El principal cliente es el catalán, y en segundo lugar el francés, aunque hay un incremento de holandeses y alemanes, cuya entrada se había estancado hace un tiempo”, remarca.

 

Un contexto teóricamente favorable

El gran reto pendiente continúa siendo la llegada de visitantes entre semana, que siempre ha sido minoritaria, y la profesionalización del sector, “donde se hacen grandes inversiones para mejorar en calidad y confort”, según Vilà. Con todo, Barcons insiste en no olvidar “la actividad agrícola y ganadera que muchas casas tienen como fundamento y sin la cual su alojamiento rural no sería rentable”.

En lo que también coinciden todos es en considerar el turismo rural una actividad sostenible. “La proximidad con la naturaleza, entrar en contacto con la gente del país y consumir productos locales es el turismo del futuro”, afirma Vilà, que defiende que los establecimientos rurales reúnen todos estos valores. “La gente viene con un cambio de actitud, huyendo de la masificación”, apunta Barcons, y Baños revela “un fenómeno nuevo: turistas de sol y playa que se acercan al interior rural”. Menor impacto sobre el medio, menos estacionalidad, mayor distribución geográfica y diversificación de ingresos. Las perspectivas del turismo rural son buenas, ahora falta que se hagan realidad.

Impulsem un nou model de turisme al servei del país, un turisme conscient que tingui un impacte global positiu sobre les destinacions.

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